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Memoria histórica

Manuel Bea Vidal: el último alcalde republicano de Caspe

Publicado en El Agitador el 10-4-2013

Se acercaba el invierno. La nueva estación traería unos vientos muy distintos sobre la Ciudad del Compromiso. El «Movimiento» se implantaría prolongándose hasta 1975 y con él las nuevas, o las viejas, formas de hacer política. Los sucesores de Manuel Bea Vidal en el cargo formarían una nueva hornada de alcaldes adeptos al Régimen, siendo los primeros de la lista Manuel Valien Poblador y Fermín Morales Cortés. Su antecesor en el sillón de la alcaldía fue uno de los hombres que más celebridad habría de alcanzar en la crónica de la Guerra Civil en la ciudad: Manuel Sorrosal, quien tras ser capturado en Barcelona, acabó siendo ejecutado en Torrero en septiembre de 1942.

Caían las hojas como caían, cada vez con más insistencia, las bombas nacionales sobre la ciudad. El dieciséis de noviembre de 1937 Manuel Bea fue designado alcalde de Caspe en circunstancias un tanto especiales, una fuerte crisis en el Gobierno Municipal precedió a su nombramiento. Era barbero de profesión y tenía instalado su local en la entonces plaza de la Libertad (ahora plaza Heredia). Había sido uno de los organizadores de la UGT en Caspe. En ocasiones, Manuel Bea fue sustituido en el cargo por el anarcosindicalista Braulio Serrano Capuj (tal y como cuenta el propio Braulio en sus «Memorias de un hombre cualquiera») y fue vecino del gobernador de Aragón José Ignacio Mantecón. A partir del nueve de marzo de 1938 todo a su alrededor empezó a desmoronarse y, como tantos otros caspolinos, abandonó la ciudad cuando las tropas franquistas ya avanzaban -más bien volaban- sobre el territorio aragonés que la República estaba perdiendo estrepitosamente.

Todo esto que aquí les contamos, más o menos, ya era sabido pero apenas alcanzábamos a conocer más detalles de la vida del último alcalde republicano caspolino. ¿Que fue de Manuel Bea al abandonar Caspe?

Lo cierto es que catorce años de su vida continuarán siendo, por el momento, un misterio aunque podamos inferir, de las vidas de otros exiliados, que no andaría lejos de los campos de internamiento de Argelés o Saint-Cyprien, o de las compañías de trabajo, o que quizás llegara a colaborar activamente con el maquis, primero contra los nazis y después contra el propio Franco. Pero, al menos, gracias a algunos documentos a los que hemos tenido acceso recientemente podemos acercarnos a los últimos capítulos de la biografía del alcalde-peluquero. El veintiséis de noviembre de 1952 falleció en Carcassonne, en el sur de Francia. Tenía cincuenta y un años de edad. Nunca abandonó su militancia. Así es cómo el Boletín de la UGT en el exilio, lo narró en la sección de necrológicas:

«Desde que nuestras organizaciones salieron a la luz pública en el exilio, el compañero Bea fue uno de sus más activos paladines en el Departamento del Aude, en cuya sección de Quillán, desempeño diferentes cargos hasta hace muy poco tiempo

«El entierro fue una demostración de duelo importantísima que estuvo presidida por los Comités de los Grupos Departamentales y de las Secciones locales de la U.G.T y del P.S.O.E asistiendo también una delegación de la CNT de Quillán

«A su infortunada esposa y a sus dos hijos, llegados de España hace diez y ocho meses, reiteramos el sentido pésame les fue expresado por nuestros compañeros del Aude»

Resulta interesante la mención de su familia, su esposa y dos hijos, llegados a Francia ¡a principios de 1951! , doce años después de terminada la guerra. ¿Por qué ese retraso? ¿Acaso por la prisión de sus hijos? ¿Acaso por la dificultad de conseguir los papeles necesarios para salir de España? ¿Acaso por las responsabilidades de Manuel Bea en Francia? Como siempre que se trata de bucear en la historia del exilio, nuevas incógnitas se añaden, nuevos caminos se abren permitiendo que nuestra imaginación rellene los huecos que, inevitablemente, se forman al tratar de recomponer las historias de todos esos hombres y mujeres a los que, injustamente, hemos olvidado. No estaría del todo mal que algún día Manuel Bea Vidal recibiera el mismo reconocimiento en su ciudad natal que el que le mostraron sus compañeros en el exilio. No estaría del todo mal que todos los caspolinos del exilio fueran recordados en su tierra como merecen.

Fuentes:

Boletín de la Unión General de Trabajadores en el exilio número 100, febrero de 1953

Caballú Albiac Miguel y Caballú Hernando Ana; “Los Alcaldes de Caspe en los años treinta”. Cuadernos de Estudios Caspolinos X, GCC, Caspe, 1984.

Serrano Capuj, Braulio, Memorias de un hombre cualquiera, edición a cargo de Jesús Cirac Febas, CECBAC, Caspe, 2007

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