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Manuel Buenacasa Tomeo. Militancia, Cultura y Acción Libertarias: el libro que nos cambió

Publicado en El Agitador el 18-6-2015

Este mes se cumplen 10 años de la puesta de largo del libro Manuel Buenacasa Tomeo. Militancia, Cultura y Acción Libertarias. Recordamos hoy este aniversario editorial porque, más allá de la figura de Buenacasa, la edición rompió un buen puñado de tabús locales y dejó el camino franco para el resto de obras que durante los siguientes años fueron llegando.

Por aquel entonces el CECBAC –antiguo Grupo Cultural Caspolino-, llevaba 21 años sin publicar un monográfico que reuniera en sus páginas cuatro componentes un tanto incómodos: historia, memoria, sociedad y política (poco después de la obra sobre Buenacasa comenzó a extenderse el uso de la expresión Memoria Histórica). Jesús Cirac y José Luis Ledesma, responsables de la edición de la obra junto al equipo directivo del CECBAC -presidido por Salvador Melguizo-, fueron los principales artífices del proyecto. Y consiguieron, quizá, mucho más de lo que se proponían: los textos sobre Manuel Buenacasa Tomeo recuperados en 2005 reventaron la espesa capa de hielo polar que cubría el prado editorial caspolino. Tras ella, la veterana institución cultural publicó nuevos libros que recuperaron la otra cara de nuestro pasado, tal y como sucedió con las memorias de Braulio Serrano, el trabajo en torno al Consejo de Aragón de Antonio Gambau, o la aproximación a la aviación durante la guerra de José Manuel Guiu. Poco después la Asociación de Amigos del Castillo se sumó al derribo del permafrost con una magnífica exposición sobre la entrada de las tropas nacionales en Caspe, la edición de un libro coral –Los Años de los que no te hablé-, y un año más tarde la de El Verano de la Tormenta, de quien estas líneas escribe. Ahora, con la presencia de El Agitador y su sello editorial –Los libros de El Agitador-, la Memoria Histórica caspolina se encuentra perfectamente asumida y normalizada.

Gracias a la obra de Buenacasa Caspe recordaba a uno de sus hijos más ilustres del siglo XX. Políticamente llegó muy alto. Sin embargo, en su pueblo, fue durante décadas un perfecto desconocido. Emigrado al otro lado de los Pirineos y sin familia cercana en su ciudad natal, desapareció de la memoria colectiva. Por fin en el año 2005 se hizo justicia y Caspe recuperaba a uno de sus grandes olvidados. Siguen echándose en faltas biografías de otros políticos de primera fila como Mariano Menor y Rafael Bosque. También entre los “vencedores”: su pueblo natal debe algo a Mateo Azpeitia. Estoy convencido que algún día se hará justicia con todos ellos.

Pero además, con la publicación sobre Buenacasa la ciudad de Caspe demostró que estaba preparada para digerir una versión distinta de su propia historia: surgió una voz cuestionando los sacrosantos pilares de la mitología local, tal y como hizo Jesús Cirac en un prólogo sin desperdicio.

Por otro lado, el anarquismo volvía a ser protagonista en su propia casa, en la ciudad del Consejo de Aragón. Los perdedores de los perdedores salían del inframundo a través de la figura de Buenacasa. Habían perdido la guerra en 1937 contra el gobierno de la República, en 1939 contra los franquistas, y en 1945 –ya en el exilio- contra ellos mismos cuando la CNT se partió en dos durante 16 largos años. Pero era de justicia que Caspe, referencia indispensable para cualquier estudio sobre el anarquismo español durante el siglo XX, recuperase un fragmento de su jugoso pasado libertario. Además, Buenacasa demostraba con sus textos que el anarquismo fue mucho más que violencia.  Manuel Buenacasa fue hombre de acción, de hechos, de rabia, pero siempre a través de la oratoria y la máquina de escribir. El caspolino, paradigma de la esencia libertaria, legó a la posteridad lo que en realidad anhelaban los anarquistas: el firme propósito por construir un mundo nuevo.

Y por último Manuel Buenacasa (1886-1964). El caspolino más ilustre nacido en el cantón de San Indalecio (del otro, de Indalecio “el Santo”, no hay prueba alguna que certifique su nacimiento en Caspe y mucho menos en el cantón que lleva su nombre; de hecho, ni tan siquiera puede afirmarse que San Indalecio existiera), fue responsable de la conocida publicación anarcosindicalista Cultura y Acción en varias ciudades españolas. Ocupó la secretaría general de la CNT entre 1917 y 1919, fue el fundador de la Escuela de Militantes durante la Guerra Civil y continuó en activo al otro lado de la frontera tras la guerra. No en vano, dentro del libro –y posterior exposición- Tierra y Libertad. Cien años de anarquismo en España, fue citado como uno de los 20 libertarios más destacados de la Historia de España.

Me pregunto si no son suficientes motivos como para dedicarle una calle en su ciudad natal.

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