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Historia medieval y moderna Reportajes

El pueblo abandonado de Pinyeres (y su estrecha relación con la comarca B.A. Caspe-B.A. Casp)

Visitar un pueblo deshabitado es un ejercicio capaz de concedernos sensaciones únicas. Cuando andamos junto a las casas antes pobladas es inevitable viajar mentalmente al pasado imaginando que, tiempo atrás, la vida bullía en el sitio en el que nos encontramos. Pinyeres, junto al Algars, río compartido por Aragón y Cataluña, es uno de esos lugares. La calle principal, la iglesia templaria, el cementerio y el edificio consistorial todavía resisten para atestiguar que Pinyeres estuvo habitado hasta no hace mucho tiempo.

La historia de Pinyeres -en los documentos antiguos denominado Piñeras- se remonta a la Edad Media. Un siglo después de la reconquista de la zona, la Orden del Temple concedía una serie de derechos -materializados en la Carta Puebla- a los vecinos de Pinyeres, al igual que ya había hecho con varias aldeas de la zona. Los templarios, como otras órdenes, pretendían asentar población en sus dominios y garantizarse con ello ingresos periódicos. El propósito fructificó, porque gracias a la documentación medieval sabemos que en 1281 la villa ya contaba con algunos habitantes. Sin embargo, la jurisdicción templaria sobre la aldea duró solo tres décadas, pues como es bien sabido la Orden del Temple desapareció en 1312 tras el polémico Concilio de Vienne. Pinyeres, que contaba por entonces con 38 fuegos, pasó a depender de la Orden de San Juan del Hospital junto a los lugares de Algars, La Pobla de Masaluca y Nonaspe.

Calle principal de Pinyeres

Josep Alanyá, religioso natural de Batea y estudioso de la historia medieval de Pinyeres, asegura que la villa pasó a pertenecer al convento de Caspe por la cercanía de este lugar a la villa bajoaragonesa (el cambio de jurisdicción contó con el visto bueno del Gran Maestre, la máxima autoridad de la Orden de San Juan). La autoridad sobre Pinyeres por parte del Prior del convento de Caspe se mantuvo, al menos, hasta finales del siglo XVIII. Los sanjuanistas designaban al Bayle, figura que hacía las veces de justicia de la villa, el convento recaudaba los diezmos y recordaba a los vecinos de Pinyeres que no podían coger las piñas de los pinos del monte y tampoco cortarlos, advirtiéndoles de que en el caso de infringir la ley se enfrentarían a una multa de 60 sueldos.

Como testigo de aquellos años se conserva en buen estado la iglesia de la transfiguración, situada sobre un promontorio junto al municipio. En ella pueden contemplarse dos elementos presentes en la arquitectura templaria como son la portada gótica de arco circular y la nave asentada sobre nueve arcos apuntados.

Miembros del Club Ciclista Caspolino posan delante de la iglesia de la Transfiguración
Arcos ojivales en el interior de la iglesia

Cerca del templo, también elevado, se mantiene un edificio que en sus tiempos fue el castillo de Pinyeres. La datación se sitúa sobre el siglo XIII o principios del XIV, y en su interior todavía se conservan los restos de un aljibe. Esta edificación sufrió numerosas modificaciones con el paso de los siglos, convirtiéndose posteriormente en sede del Ayuntamiento de la villa.

Castillo-Ayuntamiento de Pinyeres

El declive de Pinyeres comenzó en el siglo XIX: durante las guerras carlistas fueron habituales las requisas y saqueos por parte de partidas facciosas. Y ante ello, los habitantes del pequeño pueblo comenzaron a abandonar el lugar. La despoblación minó el status de Pinyeres pues, a partir del año 1841, perdió la municipalidad, pasando a convertirse en núcleo habitado dependiente de Batea. Pero la aldea se sitúa en terrenos caracterizados por su fertilidad, por lo que Pinyeres se resistió a desaparecer: gracias a las mejoras sanitarias y la mayor demanda de productos agrarios, a principios del siglo XX la pedanía llegó a contar con 900 habitantes repartidos tanto en el núcleo principal como en las numerosas masías diseminadas por el entorno.

Sin embargo, la bonanza de principios del siglo XX no perduró. La sentencia de muerte sobre Pinyeres estaba echada: buena parte de los afincados en las inmediaciones de la villa no descendían de allí, por lo cual, el arraigo era escaso. Pinyeres se despobló definitivamente debido a la Guerra Civil, la emigración de numerosos pinyeroles tras el conflicto y la cercanía de Batea, Maella, Fabara y Nonaspe (lo que propició la posibilidad de desplazarse diariamente hasta las tierras de labor gracias a la modernización de los transportes).

Casa abandonada en la calle principal de Pinyeres. Obsérvese el detalle del número

Todavía es posible rastrear la vinculación histórica de Pinyeres con la comarca Bajo Aragón Caspe-Baix Aragò Casp. Como ejemplo, conocemos la presencia de naturales de Pinyeres en nuestros pueblos: de allí provienen algunos caspolinos; un ilustre pinyerol fue Virgilio Albiac Bielsa, pintor afincando en Fabara (fallecido en 2011); entre las partidas matrimoniales de Nonaspe del siglo XIX no son extraños los casamientos de nonaspinos y pinyeroles. Y todavía más activa es la vinculación de Maella con la pequeña villa junto al Algars.

El abuelo de Pilar Hospital provenía de Cataluña. Se casó con una maellana y acabaron en Pinyeres, tanto ellos como su descendencia. Pilar nació en Maella en 1955 pero vivió en Pinyeres hasta 1967: «Estábamos varias familias en casas diseminadas, como por ejemplo en el Mas Nou, una barriada cerca de la carretera. Nosotros vivíamos en el mas de Fermín, una casa muy grande. Yo solo iba al colegio, a Maella, cuando no había faenas del campo. Allí no había colegio, pero sí había una modista y enseñaba a coser a las chicas por la voluntad… una le llevaba una gallina, otra un trozo de cordero…Y los chicos a ayudar al campo. Pero aquello se fue vaciando. Los que vivían en Pinyeres la mitad se marcharon hacia Batea y la otra mitad hacia Maella. A Calaceite también marchó gente que descendían de allí».

El núcleo principal visto desde la iglesia

Tras el abandono definitivo de Pinyeres se mantuvo la misa anual para San Juan, pero el tiempo acabó llevándose la vieja tradición. Actualmente, a duras penas se mantienen algunos edificios en ruinas. Ni siquiera hasta el lugar ha llegado la moda de la recuperación de las viejas casas de campo para convertirlas en segundas viviendas. Ya nadie pisa las calles de Pinyeres al margen de los excursionistas atraídos por el inquietante silencio que acompaña el eco de sus pasos.

Para saber más:

AHN OOMM Leg. 8221/2 nº 22/1 f 38 y leg. 8217 nº 22/1. ff. 19-22.

Josep Alanyá i Roig: “El Padró de Batea, Pinyeres i Algars. Any 1817”. Dossiers D’Historia Terraltenca, nº 7.

Batea i el seu terme  municipal. El repoblament templer (s. XII-XIII). Vol I. Diputació Provincial de Tarragona, 1994. p 143.

Enric Ventosa i Serra: Eglésies singulars de la Terra Alta. Institut D’Estudis Tarraconenses Ramon Berenguer IV. Secció D’Arqueologia i Història, nº 61, 1986.

Pere Rams: Inventari del patrimoni Arquitectònic de Catalunya: Montsià i Terra Alta.  Direcció General del patrimoni Cultural. Servei del Patrimoni Arquitectònic de Catalunya. (en preparación).

……………………………..

Mi agradecimiento a Lola Bielsa, Mario Rius, Antonio Tudó y Pilar Hospital.


Josep., “El Padró de Batea, Pinyeres i Algars. Any 1817”. Dossiers D’Historia Terraltenca, nº 7.

[3] Alanyá i Roig, Josep., Batea i el seu terme  municipal. El repoblament templer (s. XII-XIII). Vol I. Diputació Provincial de Tarragona, 1994. p 143.

[4] Alanyá., Op. Cit. p 153.

[5] ACA Patrimonio Real, Mr 2591, fols. 63 r. al 67r. en Alanyá i Roig, Josep., Batea i el seu terme  municipal. El repoblament templer (s. XII-XIII). Vol I. Diputació Provincial de Tarragona, 1994. p 144.

[6] Alanyá., Op. Cit. p 145.

[7] AHN OOMM Leg. 8221/2 nº 22/1 f 38.

[8] Ventosa i Serra, Enric., Eglésies singulars de la Terra Alta. Institut D’Estudis Tarraconenses Ramon Berenguer IV. Secció D’Arqueologia i Història, nº 61, 1986. p 41.

[9] Rams, Pere., Inventari del patrimoni Arquitectònic de Catalunya: Montsià i Terra Alta.  Direcció General del patrimoni Cultural. Servei del Patrimoni Arquitectònic de Catalunya. (en preparación).

[10] AHN OOMM leg. 8217 nº 22/1. ff. 19-22.

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