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Historia contemporánea

LA DESAMORTIZACIÓN DE MADOZ Y LOS TERRATENIENTES DE CASPE

Consultar el Archivo Municipal de Caspe sigue proporcionando recompensas. Recientemente, han sido localizados sendos escritos de la época de la Segunda República en torno a la reclamación de antiguas fincas que, a la altura de 1932, pertenecían a los principales potentados de la localidad. Con el nombre “Revisión de los bienes comunales del Ayuntamiento de Caspe” puede leerse una instancia remitida por la UGT al concejo sobre terrenos rústicos de propios o comunales. Desde el sindicato socialista se requería que alcaldía diera las “oportunas órdenes”, es decir, que fuera revisada la posesión de aquellos bienes que en su momento fueron públicos y que en 1932 podrían ser recuperados para la población al amparo de la Ley de Reforma Agraria. Los ugetistas adjuntaban una detallada relación de terrenos especificando a quiénes pertenecían: a los apellidos mejor posicionados económicamente de la ciudad. En opinión del sindicato, los propietarios se habrían “apropiado” de los mismos.

Para entender la magnitud del asunto debemos retroceder hasta 1836, cuando España, al igual qu ecien años más tarde, se encontraba en plena disputa interna. Se libraba la Primera Guerra Carlista cuyo detonante había sido la subida al trono de Isabel II tras la Pragmática Sanción promulgada por su padre, Fernando VII. Pero la cuestión de fondo iba mucho más allá: los partidarios de la joven reina pretendían dejar atrás el Antiguo Régimen para adentrarse en el liberalismo. Contra ella, los carlistas o facciosos que no solo apostaban por el reinado de Carlos María Isidro, sino que su manera de concebir el mundo tenía mucho que ver con los siglos pasados y muy poco con las nuevas corrientes. El contexto económico era crítico porque tras la pérdida de la gran mayoría de las colonias las arcas de la nación estaban vacías y era importante disponer de liquidez para afrontar los gastos de guerra. Desde el gobierno se llegó a la conclusión de que la monarquía liberal de Isabel II, todavía inestable, se vería favorecida contentando a un grupo social de hombres importantes. Por otro lado, la Iglesia pesaba mucho en la sociedad pero no aportaba nada y el clero regular apoyaba la causa carlista de modo mayoritario. Por estos motivos -entre otros- en 1836 se puso en marcha la Desamortización de Juan A. Mendizábal. A través de ella, los bienes del clero regular iban a subastarse públicamente. Pero no todos los españoles se beneficiarían porque como es lógico solo los adinerados pudieron pagar los lotes de tierras.

Poco sabemos sobre la Desamortización de Mendizábal en Caspe al margen de que en nuestro partido judicial salieron a la venta 149.000 ha (es importante señalar que en esa cifra se incluyen las grandes fincas desamortizadas del Monasterio de Rueda) o que tres caspolinos figuran en el listado de los ciento ochenta compradores más importantes de la provincia: Pedro Rais, Joaquín Paracuellos y Martín Pastor (Marteles, 1990).

Dos décadas después llegó la Desamortización de Madoz, menos afamada pero más importante que su homóloga precedente, tanto que llegó a considerarse reforma agraria liberal (Fontana, 1973). Aprobada en 1855 y prolongada por veinte años, también fue auspiciada por los liberales. El propósito era liberar la tierra perteneciente a las «manos muertas», nombre dado a las propiedades pertenecientes a la Iglesia o municipios, las cuales no  generaban beneficios a las arcas públicas. El gobierno pretendía ingresar importantes dividendos gracias a estas ventas, sin olvidar un segundo propósito: dinamizar el mundo rural a través de capitales que respaldasen la necesaria modernización (los modestos arrendatarios apenas podían llevar a cabo inversiones para aumentar la productividad y los dueños de las tierras, clero y municipios, tampoco iban a ejecutarlas). Por todo ello Pascual Madoz y el resto del gobierno creyeron que la solución pasaba por introducir la tierra en el mercado.

Pascual Madoz

Como era de esperar, solo aquellos con suficiente dinero se hicieron con las propiedades urbanas, montes y dehesas comunes. Las oligarquías locales sacaron tajada de su privilegiada posición, sin olvidar que durante todo este proceso se produjeron situaciones irregulares. En la obra Los bienes comunales y el socialismo español 1888-1936 leemos que “se sucedieron un buen número de usurpación de lindes, protagonizados con la connivencia y/o participación directa de las autoridades locales y refrendados en escrituras de dudosa legalidad” (VV.AA, 2002).

En Caspe, dentro del casco urbano, entre 1858 y 1868 salieron a la venta varias propiedades significativas. Veamos varios ejemplos: el pozo de la nieve de la calle Zaragoza se vendió a Nicolás Piazuelo por 14.000 reales; una parte del convento de Capuchinos, el cual se encontraba en el solar que hoy ocupa el Asilo, se vendió por 13.500 reales de vellón; Casimiro Bayle compró dos partes de la Casa Cuartel de la Plaza de la Amnistía (como vemos, algunos de los principales inmuebles de la localidad se fraccionaron); se vendió una casa sita en la calle San Roque nº1 por 29.200 reales y una Posada en la plaza Isabel II (actualmente Soberanía Nacional) por 100.000 reales; Joaquín Gil Berges adquirió un horno para cocer pan en la calle del Pueyo por 22.300 reales; la venta más cara fue el Molino oleario, por el que se pagaron 379.000 reales.

El Cuartel, haciendo esquina entre la calle Subida al Cuartel y la plaza de la Amnistía

En cuanto a las fincas rústicas, Encarnación Moreno, autora de un soberbio trabajo sobre la Desamortización de Madoz en la provincia de Zaragoza, especifica que en Caspe desde 1860 hasta 1878 llegaron a venderse 24 fincas con un tamaño de 500 ha de media. La suma de las ventas ascendió 4.719 ha (lo cual, sin embargo, supuso menos de la mitad de lo puesto en subasta: 41.6%). El precio de salida fue de 32 reales la hectárea, un precio muy bajo en comparación con otras haciendas de la provincia, y el precio final que se pagó tras los remates fue de 50 reales por hectárea, lo cual equivale a 12,5 pesetas por ha (Moreno, 1990). No olviden este dato: varios de los compradores no pudieron hacer frente a las hipotecas y se vieron obligados a revender sus posesiones recientemente adquiridas.

El mayor comprador de la localidad fue el terrateniente Manuel Paracuellos, quien tras adquirir más de 1.000 hectáreas se convertiría en uno de los mayores contribuyentes provinciales en la relación de 1875. Manuel Paracuellos Giraldos fue un personaje imprescindible en el último tramo del siglo XIX en Caspe; su nombre ya se vinculó al Ayuntamiento a comienzos de 1870, siendo entonces concejal de la corporación presidida por Agustín Artal Campos. Fue elegido alcalde en 1878 (Cortés Borroy, 1999).

Pero volvamos a 1932 y al inventario de la UGT. Su lectura permite comprobar que varios prohombres de nuestra ciudad estuvieron entre los compradores de tierras desamortizadas y que una parte de los mismos ocupaban puestos de responsabilidad política. En el listado se nombra a varios alcaldes, un teniente alcalde y, especialmente, a dos personas que alcanzaron el cargo de diputado y senador.

Manuel Girona fue uno de ellos. Aunque el documento no lo especifica, es seguro que cuando se habla de las adquisiciones de Manuel Girona se está hablando de Manuel Girona Agrafel. Nacido el primer día del año 1817, llegaría a ser el financiero catalán más importante del siglo XIX, alcalde de Barcelona en 1876, senador entre los años 1877 y 1878, diputado por la Seo de Urgel y, finalmente, senador vitalicio por los conservadores entre 1884 y 1905, año de su fallecimiento. Girona era el propietario de una vasta finca entre Caspe y Maella (rememorando la gran propiedad todavía queda en pie la “Casa Gerona”).

El río Guadalope visto desde la partida de Masatrigos, lugar donde Manuel Girona adquirió tierras

Veamos una primera parte de la relación presentada por UGT en la que se cita a Girona pero también a otros propietarios de conocido apellido:

Revisión de los bienes comunales del Ayuntamiento de Caspe  

“Monte de Civán Bajo. Este fue comunal, se apropiaron del mismo D. Mariano Sánchez y D. Joaquín Rondeta, hace 59 años aproximadamente […] eran 1º y 2º alcaldes, simularon una compra y se lo partieron para ambos, cuando fallecieron estos Sres. lo heredaron, D. Andrés Sancho una parte, D. Ignacio, Calcillas la segunda, y lo restante la Vda. Dña. Lucía Puyol Latorre. Cuando esta última falleció le dejó los poderes de dicho monte a Dña. Laura Samper […]”.

“Monte de val de Pilas. Propiedad de Mariano Piazuelo, siendo dueña actualmente la Vda. De D. Bernardo Pellón”.

“Monte de val de Pilas. De Dña. Vicenta Villanova”.

“Monte de val de Aldobara o Sol Saliente. La posee la Serona.

“Monte de las Sardas Bajas. Lindante con el río Guadalope, propiedad de D. Manuel Girona”.

“Dehesa en Masatrigos. Del mismo dueño y otra”.

“Dehesa en Sardas Altas, cabezo Castelborraz [Castelmorraz]. Lindante con el río Guadalope. Del antedicho Sr.”.

“Plana Cabrera. De D. Bernardo Pellón. Se la llevó siendo Alcalde”.

“Monte en Barba Roya. Lindante con la Acequia Principal y val de Zail, esta se la apropió el padre de D. Santiago Pérez hace 55 años aproximadamente”.

“Monte de val de Zail. Del Sr. Calcillas, y otra partida del mismo Sr. en el monte de val de Azó”.

“Monte de Rimer. Se la apropió el padre del Sr. Tapia, hoy propiedad de la Vda. de Elías Ossó”. 

“Monte Forca Vallés. Esta es propiedad de D. Manuel Paracuellos. La compró hace 55 años aproximadamente”.

“Partida de Forca Vallés. De Dña. Vicenta Villanova. Se la llevó D. Manuel Villanova cuando entró de Alcalde”.

“Partida de Alcalán. De D. Modesto Reyes lindante con el río Ebro y con el Monte de Chiprana”.  

Gracias a los datos facilitados por los Ferrer Lizano –últimos administradores de la finca Girona- sabemos que en 1873 Manuel Girona compró dieciséis fincas entre Caspe y Maella, unas directamente al Estado (procedían de la Desamortización de Madoz) y otras afectadas por hipoteca, compradas a Miquel Bajet y Francesc Oteo. En 1877 adquirió otras nueve propiedades limítrofes al matrimonio formado por Pascual Pellicer Rais y Paulina Guiu Costa, y entre 1901 y 1902 compró nuevos terrenos a Ramón Navarro, Leopoldo Albesa, Miquel Frac, Enric Pastor y Tomasa Tudó.

En 1932, Javier Girona Fernández Maquieira, hijo de Manuel Girona y Agrafel, poseía 5.300 hectáreas de pastos, montes y cereal entre Maella (3.700 ha) y Caspe (1.600 ha). La Ley de la Reforma Agraria pretendía despojarle de todas sus propiedades caspolinas, como veremos en la segunda parte de este reportaje.

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