Categorías
Entrevistas

Octavio Albiac: «los saudís dicen que son la raza superior en el mundo»

Hoy entrevistamos a Octavio Albiac, Ocha, alguien bien conocido por muchos caspolinos. De hecho, diríamos que tu cara resulta muy familiar porque has trabajado de cara al público durante años. Vamos a hacer un repaso de tu medio siglo de vida que te ha llevado desde tus inicios en un trabajo milenario, cortando cañas, a casarte en Ucrania y acabar ganando un buen dinero como encargado de una planta de áridos en Arabia Saudí. Por el principio: empezaste a trabajar muy pronto. 

Sí, colgué los estudios de FP Administrativo. En aquella época mi padre tuvo un accidente de coche y bueno, no es que fuera totalmente necesario pero había que trabajar para llevar comida a casa. Y decidí colgar los estudios con 16 años y empecé a trabajar en el campo, con las cañas, y en una tienda que tenía mi madre en la calle Fernando el Católico, un pequeño ultramarinos donde se vendía alimentación, algo de droguería y verdura.

Hasta que te fuiste de bares.

Sí, vine de la mili y al poquito tiempo empecé a trabajar en un bar llamado «Sancho Panza», en la plaza Soberanía Nacional. Alternaba eso con el trabajo de cortar de cañas para mi padre.

Vamos a detenernos en eso, en un trabajo totalmente artesanal, antiquísimo y ya casi perdido. Cuéntanos. 

Pues bueno, era mi padre el que cortaba cañas. Al principio pagó la novatada, pues almacenaba las cañas sin clasificar… hay que clasificarlas por medidas (25 mm, 50 mm…), y además se podían vender sin pelo o con él. Venía gente a comprarlas, clientes que tenían talleres de hacer cañizos, pero no los cañizos como los conocemos en los pueblos, sino algo más industrial, para las playas, terrazas y demás, y se las compraban. Cargábamos un camión y se lo llevábamos a las fábricas.

¿Era un buen negocio?

Entonces sí. De hecho aparte del poco campo que tenía mi padre era de lo que vivíamos la familia. Ahora, era todo manual. Mi padre las cortaba y las dejaba en un sitio preparadas, normalmente en una era y de allí a cargar a mano al camión, otra vez a mano.

Y además la materia prima era gratuita.

Bueno, sí y no. Los cañares de donde cogíamos las cañas eran de particulares, que muchas veces les hacías favor limpiándoselos de cañas, aunque a veces sí se pagaba, sobre todo cuando se dieron cuenta de que de eso vivía mi padre… en fin, la gente somos la pera, hasta le han robado cañas después de preparadas.

Pero llegó un momento en el que el oficio se fue muriendo…

Eso es. El negocio dejó de ser rentable porque los productos artificiales ganaron la partida. Además había que pagarse el seguro y demás. El tradicional cañizo que se usaba para el interior de los tejados de las casas ya estaba en desuso cuando mi padre empezó con las cañas, hablamos de un poco antes de la ENHER. Además cuando hicieron el Pantano de Mequinenza se perdieron muchos cañares y había que buscarlas más. Ahora es un oficio perdido. Quizá en algún sitio habrá gente que lo trabajará. Pero ahora ya casi nada.

Bueno, volvamos a la barra del bar. Nos habíamos quedado en el «Sancho Panza», el actual Bar Glass.

Después de trabajar allí estuve un par de años sin hacer de camarero, hasta que me ofrecieron trabajar en el “Bar Arlequín”, que lo llevaban José Luis Pascual y Ana Zaporta, en la calle Mayor. Un patio muy de bar porque antes en aquel local había estado el bar «La Estrella» y hoy es el «Mi Caffé».

Hasta que en un momento dado te quedas el bar.

Sí, esto sería hacia 1990 si no me falla la memoria. Lo tuve durante tres años. Era una vida intensa. Se abría a las 12 del mediodía más o menos y hasta las matracas. Había veces que cerrábamos más tarde que las discotecas.

¿Mucha diferencia entre aquellos bares y los de hoy?

Mucha diferencia. Comparado con aquello ahora no hay nada. Pero ya no en Caspe, sino en España, no hay nada. No sé, en Caspe aparte de la fruta hay poco más… aquí de no ser por Losan y Adidas… en fin, la diferencia con aquellos años es grande. Quiero decir que se gasta mucho menos. La gente sigue saliendo a los bares, nos gusta ir a los bares, pero antes la gente bebía mucho más. También tiene culpa el tema del tabaco, que ha matado un poco el rollete teniendo que salir fuera a fumar. En definitiva, en aquellos años la gente las tenía y se las gastaba.

¿Y no crees, Ocha, que había más cultura de bar que ahora? Actualmente Internet, la tele con 20.000 canales, las consolas y demás, hay muchas más opciones. 

Sí, igual que antes los abuelos salían a las puertas de sus casas, luego fueron los bares, y ahora se queda más en las casas. El punto de reunión antes eran los bares y ahora en muchos casos son los locales de las peñas. Eso hace sufrir a los bares económicamente y tienen que cerrar.

En cualquier caso, seguro que guardas buenos recuerdos de aquella época. Es fácil deducir que hiciste muchos amigos durante tres años. 

Sí claro. Y por cierto todavía sigo teniendo amigos que hice en el bar. Con varias peñas de Caspe entablé relación a partir del Arlequín. Fueron tres años buenos, pero en un momento dado tomé la decisión de traspasar el chiringuito y cambiar de aires. Se lo quedó Federico, el Sevilla, en paz descanse. Luego estuve una pequeña temporada haciendo de camarero en Alcañiz y pronto me marché a probar suerte a Holanda donde vivía mi hermana pero no salió nada interesante.

Y regresaste.

Sí. Trabajé en una finca unos meses y luego entré a trabajar con Horpisa en una planta para hacer gravas en Chacón [en el término de Caspe], primero llevando la báscula y luego… pues un día no apareció el encargado de la planta y entre el de la pala que me preguntó ¿Qué hacemos? ¿Probamos? Y yo le dije, sí, venga; empezamos a tocar botones e hicimos funcionar el tema. Esa misma tarde llamé a la empresa y les conté lo que había pasado. ¿Pero la planta está funcionando?, preguntaron. Sí, les dije, pero también les conté que no tenía mucha idea. Y me contestaron que ya iría aprendiendo. Y así me hice encargado de planta. Cuando acabamos la carretera Caspe-Alcañiz se cerró esa planta y se abrió otra en Chiprana. Hicimos la carretera de Caspe a Escatrón, también estuve en Mazaleón… así hasta que se cumplieron los tres años que llevaba en Horpisa y me mandaron al paro.

Y cambiaste de oficio.De la grava a los autobuses. 

Un día hablando con mi amigo Pepe Guiral me preguntó si estaba libre y enganché con «Autocares Guiral». Recuerdo que el primer día me acojoné por la responsabilidad de llevar a unos críos tan pequeños, ¿Y si pasa algo.?, me preguntaba. Pero Domingo Guiral me convenció diciéndome que eso les había pasado a todos, que pronto se me pasaría y que cogería confianza en mí mismo. Total que con ellos estuve desde el 99 hasta el 2004.

Un oficio que te cambió la vida, pues en uno de aquellos viajes conociste a tu esposa.

Así es, conocí a Lyudmyla gracias a mi trabajo. Ella trabajaba en la fruta y la llevé un par de viajes y así empezó la cosa, en el año 2002. Nos establecimos en Alcañiz. El problema es que a ella se le acabó el contrato y se tuve que marchar a su país, a Ucrania. Entonces yo me volví a Caspe, hasta que el Día de los Inocentes de 2002 cogí el avión y me planté en Ucrania. Y a los 12 días nos casamos.

Esa es una buena historia…

Ya te digo, yo sin tener ni idea del idioma y llego a un sitio donde no conocía a nadie más que a ella. Del aeropuerto, donde me esperaba mi futura esposa, nos fuimos a su ciudad, Micolayiv, a 12 horas en tren desde Kiev .Recuerdo que había una buena nevada. Lo primero que me puso fue un gorro …. jodo qué frío hacía. Cuando monté en el avión en Barcelona estábamos a 20 grados. Yo iba con mangas de camisa y allí… la hostia. Pero estuvo muy guay. Su familia era muy maja. No faltó el rito tradicional: la pareja coge una bufanda por cada punta y el padre te da una especie de bendición y demás.

¿Y volvisteis a España juntos? 

Pues lamentablemente no porque nos putearon en Kiev. El secretario del cónsul en Kiev (que por cierto se presentó como en cónsul y no lo era), le denegó el visado Lyudmyla y a su hijo. Yo me tuve que volver solo a España y empezar a luchar para poder traerme a mi mujer. Tuve que meterme en abogaos, hasta que por fin ocho meses después pudo venir Luda. En fin, que soy muy pesao, soy maño. Cuando llamaba a Madrid ya me conocían: ah, sí el maño. Hasta que llegaron los papeles.

Fui a buscarla pero su hijo, Sergei, no pudo venir hasta mayo del año siguiente. Él había estudiado mecánica, mecánica de barcos, y no tuvo problemas para conseguir trabajo en una empresa de Zaragoza. Luda trabaja de limpiadora en la Facultad de Veterinaria de Zaragoza.

Yo me marché de Autocares Guiral y tras pasar porAutocares Cortés, en Zaragoza, estuve trabajando en una planta de áridos para las obras de la EXPO 2008, entre otras cosas. Y cuando se acabó aquello la cosa se complicó porque la crisis ya había empezado y no había forma de encontrar curro.

No en España, pero sí, para un tío decidido como tú, fuera de ella.

Jajaja. Un amigo me dijo a los meses de estar en el paro que le había salido curro en Argelia. Mandé el currículo a OHL y a los dos meses me llamaron diciendo que había trabajo pero que era en Argelia. Y allí que me fui, cerca de Argel, a Birtouta. Ahí estaba el campamento y la obra, a unos 25 Km. de Argel. La verdad es que pensaba que iba a una planta pero fui a una carretera. Y me llevé la sorpresa de que el encargado era caspolino, Rafael Vidal.

Vaya, qué pequeño es el mundo. 

No veas. Allí, a «porrocientos» kilómetros de Caspe, nos encontramos dos caspolinos.

Estuve un tiempo en Argel y cuando se acabó la faena volví a Zaragoza, hasta que me llamó otra vez OHL para salir de España, pero esta vez a Arabia Saudí para hacer de plantista en un pueblo a mitad de camino entre Medina y la Meca, preparando el terreno para el tren de alta velocidad que estaban construyendo varias empresas españolas. Estuve poco más de un año y de vuelta a casa. Pero ahora me han vuelto a llamar porque la planta la han trasladado a la Meca. Me volví en febrero.

Dos países islámicos pero muy diferentes entre sí. 

Bueno, en muchas cosas sí, pero por ejemplo en cuestión de riqueza son similares a pesar de las grandes diferencias del PIB. El dinero lo tienen cuatro en ambos sitios.

Y, en cuanto a compañeros de trabajo, ¿has convivido con gente de muchas nacionalidades?

Sí. Los trabajos cualificados están en manos de los europeos. Por ejemplo, los pakistanis abundan en Arabia, son mano de obra barata. Después están los filipinos, mano de obra algo más cualificada. Después estamos los del “primer mundo”. Allí no vas de peón. Si vas es de oficial de primera para arriba.

¿Y cómo es el día a día? ¿Qué hacéis fuera del trabajo?

La vida aburridísima. En Argelia había discotecas, restaurantes y bares en la costa, o tascas más hacia el interior. Los argelinos, algunos, beben, a escondidas pero beben. Pero en Arabia nada. No hay alcohol. Bueno, sí lo hay pero es muy caro, y está prohibido, con lo que te la juegas. Probamos un alcohol que hacen los filipinos, fuerte, caro y malo. Y además hay que tener muy en cuenta que saltarte la ley es muy peligroso: si te pillan conduciendo mal tu pena son 15 días en la cárcel, una multa económica de unos 350 euros al cambio, y 15 latigazos.

¿Mejor el trato con los argelinos que con los saudíes? 

Para mí los argelinos y marroquís son casi como europeos, entre comillas. Pero allí son mucho más radicales en cuanto a la religión. Y son muy suyos. Los saudís dicen de ellos mismos que son la raza superior en el mundo. Es un país difícil de comprender: coches de lujo y niños conduciéndolos… las mujeres no pueden conducir pero los niños sí. Mira, los viernes solíamos ir a Jeddah, una ciudad a 150 kilómetros a comer en un restaurante. No había mucho más que hacer. Todo muy civilizado, hasta que te enteras que en esa ciudad, todos los primeros viernes de mes, imparten su «justicia»: dan latigazos, cortan cuellos y cortan cabezas. Y la gente va a la plaza a verlo y aplauden. Bestial.

Es decir, que a pesar de que ganáis bastante dinero allá, se sobreentiende de tus palabras que la distancia y el hecho de encontrarte con una cultura tan diferente, te hace plantearte seriamente no volver a Arabia. 

El dinero no es todo en la vida. Esto de trabajar lejos si te coge con 20 años es una cosa, pero si te pilla con 51 como tengo yo pues… Tengo una nieta, y hasta hace unos meses yo era «el yayo del ordenador»; solo veía a mi nieta, la hija de Sergei, por el Skipe. Me enseñaba lo que había hecho en la escuela y demás. Pero no la veía más que cada 4 meses. Y duele tener a los tuyos a 7.000 Km. Esas cosas no te las quitas todo el día del corazón.

Octavio, ha sido muy interesante charlar contigo pero tenemos que terminar. No sin antes agradecerte tu tiempo y desearte todo lo mejor, sea aquí o en otro país. Para finalizar, como solemos hacer, te pedimos que nos recomiendes una peli, un disco y un libro. 

Peli: El planeta de los simios. Libro: Los Pilares de la Tierra. Disco: uno de Celtas Cortos o de Medina Zahara.

Coñe. ¿No decías que estabas cansado de Medina?

Jajajaja.

Octavio Albiac, Ocha

Publicado en El Agitador el 18-9-2015

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

A %d blogueros les gusta esto: